TRAVESÍA BARCELONA – DÉNIA

El pasado 16 de diciembre, tuvimos que trasladar el velero “Lluna”  de nuestra flota en la escuela náutica Neptuno a su nuevo destino, Dénia. Teniendo por delante una singladura de más de 200 millas.

lluna

Salimos a las 09:00h de Port Olímpic con la intención de llegar a la mañana siguiente a Sant Carles de la Rápita, donde teníamos que recoger a los nuevos propietarios y a continuación realizar la segunda etapa del viaje con ellos.
Al salir del puerto, nos encontramos con un metro de mar de fondo que nos entraba por la aleta de babor, haciendo un poco incómoda la travesía. No obstante, al cruzar el delta del Llobregat, el mar se aplanó y tuvimos un plácido viaje hasta llegar al Cabo de Salou…

Sobre las 21:00h, justo al entrar en el golfo de Sant Jordi, empezó a soplar un fuerte viento de mistral. Como íbamos bien de tiempo, decidimos parar en Cambrils, esperar a que amainara y aprovechar para cenar. Al cabo de dos horas, el viento bajó notablemente de intensidad y, en consecuencia, pudimos zarpar dirección al Delta del Ebro.
equipo

Después de navegar alrededor de 10 millas, el viento volvió a soplar y, esta vez, con mucha más dureza; ¡35 nudos sostenidos con rachas de casi 40! A medida que nos alejábamos de la costa, las olas iban en aumento y, debido al poco peso que tiene el barco en la orza y su alto francobordo, éste se hacía prácticamente ingobernable. De modo que decidimos poner rumbo a l’Ametlla de Mar con el fin de resguardarnos del temporal.
tormenta

Al cambiar el rumbo, teníamos el viento por la amura de estribor. Íbamos rizados al máximo y aún así el barco se nos iba de orzada. Tardamos más de cuatro horas para poder navegar 15 millas. Finalmente, a las cinco y media de la mañana llegamos al puerto, cansados y empapados. Descansamos un par de horas y nos preparamos para volver a salir.

¡Esta vez parecía que era la buena! Teníamos alrededor de 20 nudos de viento que nos empujaba por la aleta de estribor. De modo que decidimos poner solamente la génova e intentar cruzar la desembocadura del Ebro, de una vez por todas. A medida que nos separábamos de la costa, el viento iba en aumento. De repente, nos golpeó una fuerte racha haciendo que el barco se fuera de orzada, escorándolo peligrosamente. Cuando intentamos orientarlo otra vez popa al viento, vimos que el timón no nos respondía. Rápidamente, largamos la escota de la génova, para así descargar toda la presión del viento en la vela. Al ver que no podíamos continuar, enrollamos el trapo, arrancamos el motor y pusimos rumbo, nuevamente, hacia l’Ametlla de Mar.

sol
Debido a la mala previsión marítima que se avecinaba en las próximas horas, decidimos dejar el barco en el puerto y continuar con la travesía en cuanto mejorase el tiempo.

Finalmente después de reyes y con un parte favorable pudimos completar la travesía hasta Dénia.

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