Entre Madeira y Canarias, las Islas Salvajes están en el radar de todo navegante que cruza esta zona del Atlántico. Pequeñas, remotas y protegidas, demuestran que en el mar no siempre se llega a donde uno quiere, sino a donde las condiciones lo permiten.
Entre mapas y mares: la posición de las Salvajes
Las Islas Salvajes están en mitad de casi todo y, al mismo tiempo, lejos de cualquier lugar. Se encuentran en el Atlántico, entre Madeira y Canarias, a unas 90 millas náuticas de Tenerife y alrededor de 150 de Madeira. Esta posición explica su relevancia histórica y estratégica.
Son islas pequeñas, áridas y abruptas, sin playas ni núcleos habitados. Su interés no está en el turismo, sino en su valor natural y en el entorno marino que las rodea. Jacques Cousteau destacó el excelente estado de conservación de sus fondos marinos, una de sus principales señas de identidad.
Además, las Salvajes han estado en el centro de un litigio entre España y Portugal por los derechos marítimos asociados. Hoy están bajo administración portuguesa y protegidas como reserva natural, lo que limita cualquier actividad y refuerza su carácter de enclave especialmente sensible.
Empieza la travesía
En diciembre de 2025, una pequeña tripulación catalana —Toni, Patricia y Xavi, profesor y patrón de la Escuela Náutica Neptuno— nos propusimos explorar las Ilhas Selvagens. Alquilamos un Dehler 41 en Las Palmas de Gran Canaria, un puerto histórico para la navegación oceánica.
La previsión meteorológica era excelente:
- Viento: 15–20 nudos NE (alisios).
- Rumbo (Descuartelar): ~70°.
- Mar: 2–3 metros de altura, periodo 11–13 s.
Zarpamos a primera hora de la tarde. Antes del atardecer nos acompañó una numerosa presencia de delfines listados, seguida de una espectacular puesta de sol atlántica. Durante la noche, mantuvimos velocidades de entre 7 y 8,5 nudos con muy poco tráfico marítimo.

Puesta de sol Atlántica, belleza imposible de capturar en foto.
Llegada y decisión prudente
Llegamos antes del amanecer y esperamos a tener luz suficiente para evaluar el único fondeadero, rodeado de escollos. Con el día claro, observamos fuerte rompiente en los bajos y en el fondeadero; el área estaba completamente blanca por las olas.
En esas condiciones, el fondeo no ofrecía garantías de seguridad y el desembarco era inviable. Tomamos la decisión correcta: no forzar la situación y poner rumbo de vuelta a Gran Canaria, aprovechando que el viento se mantenía favorable.

La isla Selvagem Grande vista desde el sur.
Travesía de vuelta: mar, corriente y técnica
El regreso fue rápido, con descuartelar cercano al través y viento de 16–18 nudos. En Agaete, un puerto pequeño y con corriente apreciable, aplicamos la técnica de Ferry Gliding para aproximar el barco al muelle con seguridad.
La escala fue muy recomendable. Para navegantes acostumbrados al Mediterráneo, maniobrar y atracar en puertos con mareas supone un aprendizaje importante:
- Líneas de amarre lo suficientemente largas según la marea.
- Defensas bien ajustadas para evitar roce con el casco.
- Atención constante a pleamar y bajamar.
Todos estos aspectos forman parte de la formación en titulaciones como Patrón de Yate.
Al día siguiente zarpamos temprano rumbo a Las Palmas para entregar el barco y dar por
finalizada la travesía.

El espectáculo geológico de Agaete.
Reflexión: respeto y prudencia en el mar
Antes de zarpar de Agaete, nos enteramos de la muerte de cuatro personas a causa del fuerte oleaje en las piscinas naturales del norte de Tenerife. Las mismas olas que nos acompañaron favorablemente durante la navegación habían provocado allí una tragedia.
Es un recordatorio claro de que el mar, incluso en condiciones aparentemente manejables, sigue siendo un entorno cambiante y potencialmente peligroso.